

Al regresar a casa después de un día de paseo, el novio olvida estúpidamente las reglas de la casa... Una vez en casa, su ego está emasculado, algo que necesita que le recuerden con una bofetada en la cara y unas cuantas palabras escogidas. Una vez que se ha puesto en forma, adopta la única posición permitida en presencia de su Ama, de rodillas, adorándola. La señorita Zoe lo molesta y lo atormenta, todo el tiempo asegurándose de que sepa quién está siempre al mando tras las puertas cerradas.
