
El paciente Gummisau recibe una doble dosis de crueldad y ambas "enfermeras" no son tacañas con su sadismo. El sufrimiento, especialmente el de sus "insumos", es evidente. Fascinado por el mundo exterior en su prisión de goma, el pobre paciente no tiene otra opción que disfrutar de la terapia hasta el final.

La zorra mariquita tiene que pasar por un examen anal extremadamente embarazoso por parte de las 2 enfermeras. El rubor sube ya a su rostro cuando debe presentarse, vestida con un traje de prostituta y encerrada en castidad a las dos damas e incluso al asistente en la silla del ginecólogo. Pero aún peor es el tratamiento de su sufrimiento anal. Primero la estiran hasta que el puño se mete en el culo y luego viene un consolador monstruoso para su trasero, que es ciertamente 5 veces más grande que el suyo.
