
Lola Fae - Último polvo antes de convertirte en un eunuco mariquita con Lola Fae
Lola está en casa sofocando la cara de su esclavo con su entrepierna cuando recibe una llamada de su semental favorito. Se suponía que iba a recibir a un gran pene para follarla, pero él canceló. Lola decide conformarse con su esclavo. "Pero si te corres, te voy a cortar las pelotas". Hace que su esclavo adore su coño por encima de sus medias y tanga antes de abrirse las medias y colocar su coño mojado perfecto en su lengua. "Este podría ser el último coño que tengas. Podría cortarte las pelotas incluso si no te corres". Mientras su esclavo Tony disfruta de su cara en su culo, ella habla de lo grande que es la polla del otro tipo y de cómo desearía tener una "Pene de Hombre de Verdad" hoy, pero tendrá que conformarse. Una vez que se pone sobre la polla de Tony con su coño mojado, no tarda mucho en llegar al orgasmo. Ella lo ha estado provocando desde siempre y lo ha mantenido respaldado con bolas azules. Él le ruega que lo deje correrse, pero ella se detiene y se sienta en su cara. Ella vuelve a bajar hasta su polla, agarra sus bolas con fuerza y tira. "Voy a poner esta polla de nuevo en mi coño. Será mejor que no te corras antes de que termine contigo". Cuando está a punto de correrse de nuevo, ella salta de su polla, la golpea y agarra sus bolas de nuevo. Se sube de nuevo encima de él y lo monta. La idea de emascularlo permanentemente realmente la excita. Ella comienza a contarle cómo después de quitarle las bolas, las hará convertir en pendientes para usar. Ella lo mantendrá cerca como su puta mariquita y hará que se lleve grandes pollas con ella. Ella les dirá a todos los hombres de verdad que se las follan que le quitó las bolas porque no era un hombre de verdad y les mostrará sus nuevos pendientes. Lola se pone tan nerviosa que se corre en su polla y luego se baja de él. Ella se sienta sobre él, agarra con fuerza sus doloridos testículos azules y habla de la posibilidad de reventarlos en un torno. Sus testículos le duelen y están tan sensibles que consigue que le ruegue que se los quite con solo apretarlos un poco.

































